Cultura

CHUMBILLAYA, MUJER NOBLE DEL DISTRITO DE SUBTANJALLA

Published

on

Por Genaro Chanco Mendoza – Investigador histórico

En la memoria histórica del sur peruano, es común que la figura de Chumbillaya sea confundida con la célebre doncella iqueña que narra Ricardo Palma en su tradición “La Achirana del Inca”. Según ese relato fantástico, una hermosa joven del pueblo de Tate cautivó al Inca Pachacútec, quien para complacer sus deseos mandó construir un cauce hacia su comarca. Sin embargo, esta asociación es un error cronológico y documental.

Chumbillaya vivió casi un siglo después y su vida se desenvolvió en la etapa final del Tahuantinsuyo, durante el reinado de Guáscar Inca, siendo contemporánea de las tensiones políticas y fratricidas con Atahualpa. Es el sacerdote y cronista Miguel Cabello Balboa, en su “Miscelánea Antártica”, redactada entre 1576 y 1586, quien ofrece la fuente más antigua y precisa de su historia. Por tanto:

1) No vivió en tiempos de Pachacútec.

2) No tuvo relación con el origen mítico de la Achirana.

3) Su figura corresponde a un episodio real de la nobleza indígena en Ica.

4) Su tragedia amorosa contribuyó al clima de inestabilidad previo a la llegada española.

5) Sus orígenes hoy guardan relación con el distrito de Subtanjalla.

ORIGEN Y LINAJE NOBLE

Chumbillaya, llamada luego Curi Coillur (“Estrella de oro”) por el Inca en el Cusco, nació en el valle de Ica, hija del principal curaca indígena Xullcachangalla y de su esposa Illayocchea, mujer descendiente de los antiguos señores del Cusco. Desde pequeña destacó por su hermosura extraordinaria, al punto de que quienes la contemplaban quedaban deslumbrados por su belleza y gracia. Su crianza estuvo marcada por la nobleza, la prudencia y la discreción; cualidades que la convertirían en una de las figuras femeninas más notables de su tiempo.

PRESENTACIÓN ANTE EL INCA GUÁSCAR

Cuando el mensajero Inga-Topa viajó al Cusco para felicitar a Guáscar-Inga por su coronación, ofreció como presente a Chumbillaya. Su llegada causó inmediata admiración: los ojos del Inca y de toda la corte se posaron en ella como si fuera una señal divina. Guáscar, de naturaleza antes fría y desdeñosa con las mujeres, quedó súbitamente cautivado por la joven, prisionero de un amor ferviente y sin razón. A partir de entonces, la vida de Chumbillaya cambió para siempre.

Guáscar la elevó sobre todas las mujeres de su séquito y las antiguas concubinas del Inca quedaron relegadas, y las noches que antes se repartían en afectos y descansos reales, quedaron reservadas solo para Chumbillaya. Esto despertó envidias, resentimientos y odios ocultos en la servidumbre de palacio.

LA CONSPIRACIÓN Y LA MUERTE CRUEL

Movidos por celos y ambición, enemigos en la corte conspiraron en secreto, porque en un acto inhumano no iban a permitir que una joven extranjera del valle de Ica gobierne los afectos del Inca. Una mañana, sin aviso ni enfermedad previa, Chumbillaya fue hallada muerta, envenenada en su propio aposento. El dolor del Inca fue tan profundo, que mandó embalsamar su cuerpo para entregarlo en honor y lágrimas a sus padres. Fue trasladada al valle de Ica, donde sus descendientes continuaron siendo protegidos por la memoria real.

LA HIJA HEREDERA DE UNA ESTRELLA

Tras la muerte por envenenamiento de Chumbillaya, la Cori Coillur primigenia, quedó con vida una hija recién nacida. La niña, que también fue nominada como “Cori Coillur” por su sangre real y por la belleza que heredaba de la madre, se convirtió de inmediato en una pieza peligrosa dentro del gobierno del Cusco: podía servir de estandarte a facciones rivales para impugnar la autoridad de Huáscar; y atraer sobre sí la misma sombra de intrigas que había segado a su madre.

En ese momento crítico intervino Carva-Ticlla, hermana bastarda de Huáscar y única amiga leal de la difunta. Temiendo que los abuelos maternos sustrajeran a la niña o, peor aún, que los mismos verdugos de Chumbillaya acabaran también con la pequeña, la tomó en secreto, la “hurtó”, y la escondió en humildes cabañas a poca distancia del Cusco, como un verdadero resguardo político, porque cuanto menos visible fuese la criatura, más lejos permanecería del filo de la envidia y de la violencia.

El Inca Guáscar supo siempre dónde estaba su hija, con quién vivía y de qué modo se la criaba. Pero el mismo temor que guiaba a Carva-Ticlla lo llevó a no traerla al palacio ni a proclamarla princesa ante la corte. El reino se mantenía en constante ebullición política, la sospecha sobre Atahualpa fermentaba, los aduladores exacerban el enojo del soberano y la guerra fraterna ya se asomaba. En tal clima, reconocer públicamente a la niña habría sido entregarla al sacrificio; por eso el Inca se limitó a proveer su sustento y a velar por ella a distancia, mientras las obligaciones del Imperio, cada día más complejas, lo apartaban de los cuidados que habría querido prodigarle.

BUSCANDO UN NOMBRE A LA DONCELLA DE TATE

Ricardo Palma en su conocida tradición narra lo siguiente: Visitando Pachacutec el feraz territorio que acababa de sujetar a su dominio, detúvose una semana en el pago llamado Tate. Propietaria del pago era una anciana a quien acompañaba una bellísima doncella, hija suya”.

El literato nunca menciona el nombre, solo describe al personaje femenino. El profesor Luis Raúl Flores Tipismana en su obra “Las antiguas calles de Ica” publicada el año 1994, sin mediar documento o fuente histórica comprobable afirma que, al llegar Pachacútec a Ica, le perdonó la vida al curaca Aram vilca, porque el soberano cusqueño había quedado prendado de “Chillu Simpa”, bella dama iqueña de la “Trenza negra” quién se dirigió indicándole que le solicitara lo que ella quisiera y la doncella requirió un canal de regadío para su pueblo. Al final sigue siendo pura fantasía y tradición.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tendencias

Salir de la versión móvil