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DÍA DE TODOS LOS SANTOS: LOS ANGELITOS DE ICA

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Por Genaro Chanco Mendoza – Investigador histórico

Los angelitos constituyeron una agrupación de infantes y jóvenes que participaban en un antiguo ceremonial iqueño, posiblemente una fusión de prácticas culturales y rituales devocionales religiosos, característicos de la región. Se ha logrado rescatar del olvido gracias a los escritos del profesor Juan Donaire Vizarreta en su obra “Campiña Iqueña” publicada el año 1941.

Estos “angelitos” encarnaban una manifestación modesta y fervorosa de compasión y generosidad, deambulando por los campos y centros poblados en un periplo organizado en busca de limosnas “Por el amor de Dios”.

FECHAS DE ACTIVIDAD

La participación de los angelitos se iniciaba el 1 de noviembre, coincidiendo con la celebración del “Día de Todos los Santos”, y se extendía hasta el 3 de noviembre; durante esta breve temporada, llevaban a cabo su cometido y se retiraban hasta el próximo año.

EDAD DE LOS ANGELITOS

En su gran mayoría eran niños y adolescentes cuyas edades oscilaban entre los ocho y los catorce años, aunque en algunas ocasiones también se unían jóvenes mayores de veinte años. Todos los angelitos eran varones, no participaban las mujeres.

PROPÓSITO

Era la recolección de limosnas, ofrendas o donativos, simbolizando un acto de caridad y entrega. En la víspera, el 31 de octubre, organizaban su recorrido, asignaban roles y se proveían de los elementos requeridos, como agua bendita y ramas de sauce. Cada grupo portaba un “capacho” o costal, destinado a almacenar las ofrendas recibidas en cada hogar visitado.

VESTIMENTA

Para adoptar la apariencia de angelitos, estos jóvenes se engalanaban con una indumentaria simbólica. Primero, rodeaban sus sienes con una corona de ramas de sauce y llevaban consigo una bastón y portaban una botella de agua bendita, empleada para bendecir las casas que les ofrecían limosna.

HORARIO DE ACTIVIDAD

Los angelitos iniciaban su trayecto desde el amanecer hasta bien entrada la noche. A lo largo del día, exploraban las calles del pueblo y los campos agrícolas, tocando puertas y solicitando donativos en cada morada. Esta práctica se prolongaba durante los tres primeros días del mes de noviembre, evidenciando el empeño y la entrega con que cumplían este ritual de solicitud benéfica.

CONDUCTA FRENTE A UNA CASA

Al llegar a una vivienda, los angelitos se detenían ante la puerta, creando un estruendo atronador y, en ocasiones, acompañaban sus voces con zapateos y golpes de palos, buscando captar la atención de los moradores y motivar su salida. A la primera persona que divisaban dentro de la casa, le entonaban en coro versos tradicionales, generando un ambiente festivo y demandante, con las siguientes coplas:

“Angelitos somos, que del cielo venimos

a pedir una limosnita, para nosotros mismos”.

“Un poquito de cancha, para mi tía Pancha;

una tira de cinta, para mi tía Jacinta”.

“Una tapa de sandía, para mi tía Sofía;

un poquito de miel, para mi tío Manuel”.

“Una limosnita, por el amor de Dios

y para echarles nuestra bendición”.

RESPUESTA POSITIVA AL RECIBIR PROPINAS O DONATIVOS

Cuando los residentes de una casa decidían ofrecerles algún obsequio, generalmente comestibles como pallares, choclos, frutas, pan o bizcochos, uno de los angelitos abría su costal para recibir el donativo. A continuación, el miembro designado para bendecir la vivienda vertía unas gotas de agua bendita en la entrada, utilizando una ramita de sauce, mientras pronunciaba:

“Esta casa de acero, donde vive el gran caballero”.

“Esta casa decente, donde vive buena gente”.

“Esta casa de loza, donde vive la buenamoza”.

Los adultos observaban tiernamente las gracias de los pequeñuelos que visitaban los hogares del barrio y su despedida.

RESPUESTA NEGATIVA ANTE LA AUSENCIA DE PROPINAS O DONATIVOS

Si los habitantes no les otorgaban ninguna ofrenda u obsequio, los angelitos se retiraban mostrando su disgusto mediante coplas sarcásticas y burlonas, dejando en claro su descontento:

“Esta casa de pellejo, donde vive el diablo viejo”.

“Esta casa de algodón, donde vive el viejo barbón”.

“Esta casa de aguja, donde vive la vieja bruja”.

“Esta casa de alambre, donde vive el muerto de hambre”.

Así, los angelitos exhibían una dualidad entre devoción y astucia, agradeciendo con alegría cuando eran bien acogidos, pero respondiendo con humor mordaz cuando no lograban conseguir lo que buscaban.

CONFLICTOS ENTRE ANGELITOS DE DIVERSOS CASERÍOS

Cuando los angelitos procedían de distintos centros poblados, era común que surgieran peleas entre ellos. Estas cuadrillas de angelitos se disputaban con fervor, llegando incluso a enfrentarse físicamente usando los golpes y «trompearse» hasta arrebatarse los costales llenos de donativos. Al encontrarse, intercambiaban improperios en forma de coplas burlescas, como:

“Vamos rápido, a ver quiénes son

pues a mí me parecen, los cholos del Rincón”.

“Dicen que no caben, tres en una macana

vamos a hacer la prueba, con los cholos de Comatrana”.

El propósito de estos altercados era apoderarse de las limosnas acumuladas por el otro grupo. Los mayores perseguían a los más jóvenes, les quitaban los costales y, en algunos casos, incluso es infligían una tremenda golpiza. Estas escaramuzas por los donativos se intensificaban en la noche, aprovechando la penumbra para emboscar a otros grupos y quedarse con las provisiones.

CRÍTICAS HACIA LOS ANGELITOS

Con el paso del tiempo, esta práctica de los angelitos comenzó a desvanecerse, y en las pocas ocasiones en que se organizaba una cuadrilla, la comunidad los recibía de mala gana. Se les acusaba de portar agua sucia en lugar de “agua bendita” de la parroquia y de incurrir en actos de vandalismo en los cultivos, como cortar sandías verdes y dejarlas inservibles, lo que causaba perjuicio a los agricultores.

EPÍLOGO

Es importante entender que la mayoría de los participantes «angelitos cantores» eran infantes y adolescentes, y estas actividades estaban arraigadas en una tradición cultural y religiosa, que para algunos no dejaría de ser una simple conducta «palomilla» de chicos traviesos. No obstante, en algunos casos, estas acciones presentaron ciertos rasgos de conducta de pandillaje, debido a la organización en grupos que se enfrentaban de manera agresiva.

Aunque el propósito inicial de los angelitos no fue delictivo, en algunos casos esta tradición derivó en comportamientos que perjudicaron a sus vecinos, logrando que la población de la campiña llegara a considerarlos una molestia y a rechazar su presencia.

FUENTES HISTÓRICAS CONSULTADAS

Donaire, J (1941). Campiña iqueña. Aspectos folclóricos.

Hernández, J. (2002). Vocablos de Ica: (recopilación y estudio).

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