Cultura
LA ANTIGUA SEMANA SANTA EN ICA
LA ANTIGUA SEMANA SANTA EN ICA
Por Mg. Genaro M. Chanco Mendoza
En la actualidad, la Semana Santa iqueña difiere significativamente de la forma en que se organizaba hace un siglo. Gracias a la acuciosa labor de Francisco Pérez Anampa —quien recopiló datos de don Manuel Grimaldo, Alberto Cierra Alta Herrera, Zacarías Farfán y Adán Cayo Pizarro— hoy es posible rescatar del olvido la antigua Semana Santa que vivieron nuestros ancestros.
VIERNES DE DOLORES
Antiguamente, esta festividad se celebraba el viernes anterior al Domingo de Ramos como antesala de la Semana Santa. El padre Enrique Perruquet, en su boletín “El Feligrés Ilustrado” de 1930, describe cómo en el templo de La Merced —ubicado en la intersección de las calles Bolívar y La Libertad— se realizaba una significativa liturgia mariana, unida a un día de ayuno y abstinencia. Esta ceremonia era conocida como la “Setena de los Dolores de la Virgen” y rememoraba los siete dolores que sufrió la madre de Cristo: La profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida del Niño Jesús en el templo, el encuentro con Jesús camino del Calvario, la crucifixión y muerte de Jesús, el descenso de Jesús de la cruz y la sepultura de Jesús. Se desarrollaba en dos horarios: 7:00 a. m. con misa cantada en el templo, y a las 8:00 p. m., con una ceremonia litúrgica acompañada de orquesta.
Por su parte, el historiador Ricardo Dávalos y Lisson, en sus escritos de marzo de 1875, destacaba que el postre de panificación “precursor de la Semana santa” era el PAN DE DULCE, porque con su aparición anunciaba esta fecha de recogimiento a los católicos. El viernes de dolores amanecía con el pregón de los vendedores: ¡pan de dulce! ¡pan de dulce! ¡regale pan de dulce!
Abraham Valdelomar hace alusión a este tipo de bizcocho, en su cuento Yerba santa, publicado en 1917, comparando al personaje principal con las cualidades de este postre: “Manuel era bueno como el pan de semana santa”. Rescata para los lectores actuales, como se desenvolvían los vendedores de este dulce, en canastas de caña, forrada de piel de cabritillos que agrupados de dos en dos cantaban un estribillo: “¡Pan de dulce, pan de dulce! ¡A la regala! ¡Pan de dulce!”. El poeta iqueño, destaca que habían de varios tipos; algunos adornados con dibujos de la misma masa y otros tenían coberturas: “Y los balaes rebosaban con los bizcochos, que los había de todo tamaño; y ora llevaban dibujos los de a diez reales; y ora eran bañados con azúcar los de a cuartillo; y aquestos [sic] tenían almendras y esotros [sic] llevaban canelones y todos eran manjar imprescindible en el duelo aldeano de la Cristiandad [iqueña]”. Estos con cobertura de azúcar impalpable se les conoce hasta la actualidad como PAN CON CAMISÓN.
Los informes de 1921 destacan a la panadería y pastelería de Antonio Polanco, ubicada en la calle Grau N° 83, afamada por su pan de familia, dulces y pastas, cuyo producto de panificación que más éxito alcanzó fue el «Pan con camisón». Se le recuerda gratamente por haber sido tesorero y miembro fundador de la “Sociedad de los 16 amigos”, encargados de la restauración del Cristo de Luren, con severos daños por el incendio de junio de 1918. A su muerte, continuaron con su legado sus antiguos operarios: el Sr. Catalino Sulca y Silvio Velazco Fernández, quienes abrieron sus propias panaderías.
DOMINGO DE RAMOS.
La procesión del “Señor del triunfo”, conocida cariñosamente como del “Señor del borriquito” salía del antiquísimo templo de Nuestra Señora de la Purísima Concepción de Anan, (sin “h” como aparece en los libros de mayordomías) qué se ubicaba en el terreno que actualmente se encuentra el Poder Judicial, en la quinta cuadra de la calle Ayacucho. En esa zona, antaño, funcionaban el mercadito Oliva y el asilo de ancianos. La procesión consistía en un anda que albergaba la imagen de Cristo montado sobre un burrito de yeso, con unas riendas de fino cordón, además de tener bridas y espuelas de plata piña, creadas por orfebres ayacuchanos. El reverendo padre Ignacio Mayurí, eminente teólogo natural de Chulpaca y párroco de Anan, era quien lideraba esta festividad.
Según el informe testimonial del profesor sanluisano Miguel Sevillano Díaz, el Domingo de Ramos en el siglo XX estuvo a cargo de don Saturnino Uchuya Purilla y su esposa doña Laura Ormeño Borjas, quienes obsequiaron esta imagen a la parroquia, siendo asumida con posterioridad por sus hijos y descendientes hasta la cuarta generación.
Con el paso del tiempo, la organización de esta procesión del “Señor del Triunfo” fue asumida por la parroquia Santiago de Luren, y la Hermandad del cristo crucificado de Luren con el apoyo de la biznieta de Don Saturnino Uchuya, Sra. María del Carmen Chávez Puppi, quien ofrece al pollino para recorrido procesional por las calles de Ica.
LUNES SANTO
La segunda procesión de Semana Santa salía de la iglesia de Santa Ana, ya desaparecida, dónde actualmente se ubica la institución educativa “Margarita Santa Ana de Benavides”, frente a la plazuela Bolognesi. Este recorrido constaba de cuatro andas, en primer lugar, lo encabezaba el apóstol San Juan, fiel santo de los jóvenes iqueños, le seguía el Jesús Nazareno, continuaba el Señor atado a la columna y cerraba el cortejo la Virgen dolorosa. Este evento también era conducido por el párroco Mauricio Mayurí.
MARTES SANTO
La tercera procesión de Semana Santa salía de la iglesia de Anan, y constaba de cuatro andas, conformada primero por el apóstol San Juan, el Señor crucificado, el Señor de la Piedad, y al final la Virgen dolorosa.
MIÉRCOLES SANTO
La cuarta procesión salía del templo La Merced, que actualmente denomina la catedral. Esta era considerada una procesión de gente distinguida de Ica en su gran mayoría damas. Estaba conformada el anda de San Juan, continuaba el Señor Nazareno, le seguía la Verónica portando en las manos un paño con la cara del salvador, finalizando con la María Magdalena que, cada año, era vestida conforme a la moda de la época y portando preciosas alhajas. De esas fechas se recuerda al organizador, párroco Francisco Javier Morales y Huamán, natural de Ica, orador sobresaliente de los evangelios y muy querido por el pueblo.
Este día era una jornada profundamente marcada por el recogimiento, la solemnidad y una atmósfera de duelo comunitario. La población entera guardaba ayuno como expresión de respeto y dolor ante el padecimiento del Señor. Este día no era para la alegría ni el bullicio: se prohibía escuchar música alegre, no se debía reír, cantar, jugar, hablar en voz alta. Los niños eran apartados de la vida cotidiana y encerrados en sus hogares, como medida de disciplina y recogimiento.
Abraham Valdelomar cuenta que esa misma fecha se realizaba el descenso desde su altar al Cristo iqueño, a la cual acudían todos de negro, para velarlo toda la noche, mientras que los fieles “llevaban grandes cantidades de algodón en rama, esponjoso y blanco, limpiaban con sus madejas el llagado cuerpo del Rabí, y guardábanlas luego como panacea para todas las enfermedades”. Posteriormente, los devotos hacían uso del algodón bendecido por sus propiedades milagrosas: servían como remedio contra el «mal de ojos», y curar múltiples dolencias físicas y espirituales.
JUEVES SANTO
Esta fecha solemne se desarrollaba con la procesión del señor de Luren, que iniciaba nueve de la noche, donde las personas portaban cirios y se arrojaban flores y albahaca al paso del anda. Se recuerda que hasta el año 1918 las procesiones ingresaban alrededor de las doce de la noche. Reconstruido el Cristo de Luren vino la costumbre de ingresarlo al rayar el Alba y luego horas más tarde.
VIERNES SANTO
Mientras que la procesión del miércoles santo era considerado representativa de las damas iqueñas, la del viernes santo era considerada de los caballeros. Todos en Ica vestían de luto y el que no tenía ropa oscura no salía de sus hogares. Se hablaba y conversaba en voz baja y estaba prohibido discusiones entre las personas. Se consumía el bacalao y la ensalada o causa de Viernes Santo. En la tarde era obligatorio asistir al sermón de las tres horas, completo, con sus siete palabras. Salía del templo de San Antonio de Padua (San Francisco) el anda de San Juan, la Verónica, María Magdalena, el Señor de la caña, la Cruz con la sábana santa, el Señor del Santo Sepulcro, conocido como “el muertecito” y finalizaba la Virgen dolorosa.
DOMINGO DE RESURRECIÓN
Esta última procesión salía de la Iglesia de San Agustín, actualmente desaparecida y ubicada en la esquina de calle Lima y avenida Grau. Iniciaba su recorrido al amanecer. La virgen María tomaba una dirección contraria al señor resucitado y se encontraban justamente al frente del templo La Merced dónde a la virgen se le caía el manto hacia atrás al ver a su hijo vuelto a la vida, ejecutándose las reverencias de saludo respectivas. generando la alegría y elogio del pueblo.
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