Cultura
LA ENTREGA DE LA NUEVA IMAGEN DEL CRISTO CRUCIFICADO DE LUREN
Por Mg. Genaro Chanco Mendoza
En las primeras luces del amanecer del 23 de junio de 1918, el silencio de la ciudad de Ica se quebró con el eco trágico de las campanas que, entre humo y desconsuelo, anunciaban la desgracia. Un incendio, cuyas causas jamás se esclarecieron del todo, devoró las entrañas de la Iglesia del Señor de Luren, consumiendo su estructura sagrada y reduciendo a carbón la venerada Imagen del Cristo Moreno, corazón espiritual de todo un pueblo.
Las llamas no solo calcinaron madera y yeso; abrasaron también la fe visible de una comunidad que, esa noche, permaneció en vela frente a las ruinas, llorando sin consuelo ante el cuerpo ennegrecido de su Señor. Nadie sabía qué decir ni cómo actuar. Los rezos se confundían con los sollozos, y el humo aún tibio se elevaba como incienso de una devoción herida.
Al despuntar el día siguiente, 24 de junio, un grupo de vecinos encabezado por don Alberto Cierra Alta Herrera acudió conmovido ante el padre Antonio Meléndez Méndez, rogándole que celebrara una misa que diera voz al dolor colectivo. Aquella ceremonia, más que un rito, fue un abrazo espiritual que intentó devolver esperanza a un pueblo devastado.
El cuerpo carbonizado del Cristo fue depositado con ternura en una urna especialmente mandada a confeccionar por don Carlos Ramón Moyano Flores. La cubrieron con un velo delicado, casi transparente, como si pretendieran ocultar la herida de la fe. Luego, entre cantos quebrados y lágrimas encendidas, la urna fue llevada en procesión hasta la Plaza de Armas de Ica, donde la multitud aguardaba en silencio reverente. Durante una semana entera, la Sagrada Imagen permaneció velada entre los restos de su antiguo templo, símbolo vivo de la resiliencia de un pueblo que, incluso en la tragedia, no renunció a su fe.
Según relata Julia Mendoza Chacaltana en su estudio “Historia de la construcción del templo del Señor de Luren”, ese mismo 24 de junio de 1918 se convocó una Asamblea Pública en el Teatro Piccone, donde confluyeron autoridades, vecinos ilustres y el pueblo entero. De aquella reunión nació el Comité Pro Luren, presidido por el propio Carlos Ramón Moyano Flores, a quien se encomendó la misión de reunir fondos y dirigir los trabajos de reconstrucción del santuario.
COMITÉ PRO LUREN
El liderazgo visionario del señor Carlos Ramón Moyano Flores marcó un antes y un después en la historia espiritual y material de Ica. Comerciante y agricultor de espíritu emprendedor, nació en Ica el año 1881, hijo de don Cornelio Moyano y doña Adelaida Flores, heredando de ambos la nobleza de carácter y la vocación de servicio. Realizó sus primeros estudios en el histórico Colegio Nacional San Luis Gonzaga. En 1899 ingresó a la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Lima, donde cursó el primer año, pero el llamado de su tierra natal lo condujo de regreso a Ica, donde en 1903 decidió consagrarse de lleno al comercio, impulsado por una energía inagotable y un ferviente deseo de contribuir al adelanto de su ciudad.
Su espíritu pionero se hizo evidente en cada una de sus acciones. En 1905, introdujo el primer automóvil que surcó las calles iqueñas, símbolo tangible del progreso que él anhelaba para su pueblo. Dos años más tarde, en 1907, estableció el servicio público de automóviles, cuando ni siquiera la capital del país contaba aún con uno semejante. Casado con doña Lastenia Valverde, compañera discreta y fiel, Moyano Flores encarnó la unión entre el progreso humano y la fe profunda de su tierra.
A partir de 1911, orientó sus esfuerzos hacia la agricultura, primero en el fundo Yaucay y luego en Tajahuana, propiedad suya, donde consolidó su reputación como uno de los principales algodoneros de Ica. Su compromiso con el servicio público fue igualmente ejemplar. En 1915, asumió la Dirección de Beneficencia, donde promovió obras de ayuda y desarrollo social. Un año después, en 1916, fue elegido Alcalde Municipal de Ica, destacando por su rectitud y su capacidad de gestión. Además, desempeñó el cargo de Vicepresidente de la Cámara de Comercio. Sin embargo, su nombre quedó inscrito con letras imborrables en la memoria iqueña por una obra que trascendió lo material: la reconstrucción del histórico templo del Señor de Luren, consumido por las llamas en 1918. A sus esfuerzos, a su tenacidad y a su liderazgo sereno pero firme, se debió en gran parte el renacimiento del santuario y la recuperación de la fe colectiva. Bajo su dirección, el Comité Pro Luren no solo edificó paredes y estructuras, sino que reavivó el espíritu devoción.
LA SOCIEDAD DE DIECISEIS AMIGOS
El 14 de julio de 1918, se formó la célebre “Sociedad de Dieciséis Amigos”, presidida por don Alberto Cierra Alta Herrera, destinada a restaurar la Imagen del Cristo. Aquella hermandad fraterna, nacida del dolor compartido, fue la semilla de lo que hoy conocemos como la Hermandad del Señor de Luren de Ica.
El proceso de restauración se inició en el taller del propio Cierra Alta, en la calle Lima. Allí, con manos temblorosas y devoción profunda, se retiró cuidadosamente el carbón adherido al cuerpo sagrado. Luego la imagen pasó al taller del maestro Jesús Silva, bajo la dirección artística de Francisco Caso, quienes junto a Cierra Alta trabajaron con amor casi místico para devolverle su forma al Cristo amado. La cruz, destruida por el fuego, fue rediseñada y confeccionada por Julio Ormeño Herrera, hermano de Alberto, en el mismo taller, bajo un ambiente de recogimiento y fe.
ENTREGA DE LA NUEVA IMAGEN SEGÚN LOS DOCUMENTOS
La sesión del 2 de octubre de 1918 de la Sociedad 16 Amigos, (folio 67-68) presidida por don Alberto Cierra Alta, trató principalmente sobre la entrega oficial de la nueva Imagen del Señor de Luren al Comité Central.
En el acta se refleja la preocupación del grupo por acelerar el proceso y cumplir con el pueblo de Ica, que aguardaba con expectación el retorno de su Cristo restaurado. Sin embargo, también se deja entrever un problema de retraso, originado porque la imagen aún no estaba completamente terminada, ya que faltaban detalles como las cantoneras y la corona.
Dice el documento “…hacer la entrega de la Ymagen del Sr. de Luren al Comité [presidido por Carlos Moyano] lo más pronto posible para evitar así que cundiese cierta mala atmósfera que se había levantado al respecto…”, frase que resume la tensión existente y la preocupación por mantener el prestigio de la Sociedad. El señor Zacarías Farfán, miembro de la sociedad, manifestó su parecer de que la entrega debía realizarse el jueves 10 del presente mes, con el fin de disponer de algunos días adicionales que permitieran culminar completamente la obra antes de presentarla oficialmente.
Finalmente, los miembros acordaron enviar un oficio al Comité para fijar el día y la hora de la entrega, mostrando con ello su voluntad de transparencia y su deseo de disipar toda duda sobre la buena fe de quienes trabajaron en la restauración.
En la sesión del 10 de octubre de 1918, la Sociedad de Dieciséis Amigos, bajo la presidencia de don Alberto Cierra Alta, (folio 68-69) dejó constancia del reconocimiento formal al maestro Francisco Caso, director de la restauración de la Imagen del Señor de Luren, quien entregó oficialmente la obra al Comité Central mediante documento. En el acta se destaca expresamente que “en primer lugar la obra le pertenecía al señor Francisco, primero por ser director de la obra y a quien por sus conocimientos artísticos se debía el buen resultado de la obra, y en segundo lugar por su noble y desinteresada actitud tenía comprometida la sociedad con su eterna gratitud”.
Se acordó también aclarar públicamente las diferencias sobre la participación de otros colaboradores, señalando que “trabajos que había hecho Silva en la obra el señor Caso los había tenido que deshacer por estar defectuosos”, y concluyendo que el manifiesto debía reconocer “la igual participación que habían tenido los señores Silva y Cierra Alta”, con el fin de preservar la armonía y la justicia en el reconocimiento colectivo de la restauración. Hoy queda la foto que fue enviada por Héctor Arguelles a Clemente Palma, para ser publicada en la Revista Variedades N° 553.
FUENTES HISTÓRICAS CONSULTADAS
Mendoza, J. (1995). Historia de la construcción del templo del Señor de Luren. Exituno S.A. Lima.
Paz-Soldan, J. P. (1921). Diccionario biográfico de peruanos contemporáneos (Edición de 1921). Librería e Imprenta Gil.
Palma, C. (1918). Variedades: Revista semanal ilustrada, Año XIV, N.º 553. Casa Editora M. Moral. Lima, Perú.
Palma, C. (1918, 9 de noviembre). Variedades: Revista semanal ilustrada, Año XIV, N.º 558. Casa Editora M. Moral. Lima, Perú.
Sociedad de los dieciséis amigos (1918). Libros de Actas. Ica.