Cultura
MUERTE DE LOS PATRIOTAS EN YAUCA DEL ROSARIO POR LA TRAICIÓN DE JUAN JOSÉ SALAS
Por: Genaro Chanco Mendoza
¿Sabías que la independencia y libertad de Ica solo duró 36 días? El culpable de esta desgracia patriótica fue el traidor Juan José Salas, en su acción asolapada de escribirle cartas al Virrey Joaquín de la Pezuela, informando con todo detalle lo que sucedía en Ica.
ANTECEDENTES
El 21 de octubre de 1820 el general en jefe José Antonio Álvarez de Arenales, realiza la jura de la independencia en la plaza mayor de Ica, acompañado de los Alcaldes, el gobernador Juan José Salas, los hijos ilustres de Ica con sus esposas y demás pobladores. Los patriotas ya habían logrado tomar control de Chincha, Pisco, Ica. Palpa y Nasca al realizar diversas operaciones militares en los días previos, con adhesión de los varones a las tropas sanmartinianas, situación que fue en aumento.
En esa misma fecha, parte Álvarez de Arenales con sus tropas hacia la campaña de la Sierra, por el antiguo camino que va por San José de Los Molinos hacia las alturas de Huancavelica.
RESGUARDO DE ICA
En Ica se quedaron el mayor don José Félix Aldao y el teniente coronel don Francisco Bermúdez para resguardar Ica, además de concretar la formación de más tropas con negros esclavos y campesinos iqueños. Ica no fue un rincón pasivo del proceso independentista, sino un semillero constante de combatientes. De acuerdo con la historiadora Ella Dunbar, en 1820 se crea en Ica un grupo de hombres luchadores, la División Patriótica de los “Libertos de Ica”, puesta bajo el mando del comandante Francisco Bermúdez,
ACTITUD REALISTA FRENTE A LOS PATRIOTAS
Ante los reclamos y el malestar manifestado por los españoles en el Perú, la actitud del virrey Joaquín de la Pezuela se caracterizó por la indecisión y la falta de respuesta oportuna. En los círculos militares y políticos se percibía un clima de confusión e incertidumbre, originado en gran medida por las demoras del virrey para disponer los refuerzos prometidos y por su aparente incapacidad para ejercer un control firme sobre la situación. Las tropas enviadas desde Lima, mal organizadas y con escasa disciplina, despertaron sospechas de deslealtad, pues se difundió la versión de que algunas habían sido influenciadas o sobornadas para evitar el enfrentamiento, lo que se veía reforzado por el paso de ciertos oficiales al bando independentista.
Frente a este escenario adverso, Pezuela y su entorno optaron por minimizar la magnitud de las derrotas sufridas, reduciendo deliberadamente el número de efectivos realistas comprometidos en los combates y atribuyendo los triunfos insurgentes a hechos circunstanciales. Con esta postura, el virrey confiado en el ESPIONAJE de Juan José Salas que le informaba de todo lo que sucedía en Ica, buscó sostener la moral pública y preservar la imagen de autoridad del régimen, insistiendo en que el orden tradicional sería pronto restablecido por las fuerzas realistas que operaban en la sierra, aunque esta narrativa contrastaba con la creciente evidencia del debilitamiento del poder colonial.
LOS REALISTAS RECUPERAN ICA
La recuperación de Ica por parte de las fuerzas realistas se llevó a cabo de forma relativamente rápida y con escasa resistencia efectiva. Esta acción fue ejecutada por una columna de aproximadamente seiscientos soldados enviada desde Lima bajo el mando del coronel Juan Antonio Pardo, quien logró restablecer el control colonial sin mayores complicaciones. El 26 de noviembre de 1820, ante la llegada de esta fuerza enemiga, los jefes patriotas que habían quedado en Ica, Bermúdez y el mayor Aldao, se encontraron en una situación de clara inferioridad militar.
Estos carecían tanto del número de efectivos como de los recursos necesarios para oponer una defensa sostenida, por lo que decidieron reunir a los pocos soldados disponibles y a los civiles que aún les eran leales, emprendiendo una retirada estratégica hacia la sierra con la intención de reunirse con Arenales. Tomaron dirección por la pampa de Yauca del Rosario, siendo alcanzados por la vanguardia de Pardo a cinco leguas al sureste de Ica.
En el contexto histórico del siglo XIX, la medida de distancia más empleada era la legua castellana, cuyo valor aceptado por la historiografía equivale aproximadamente a 5,57 kilómetros. Tomando esta referencia, el cálculo se realiza multiplicando dicha equivalencia por el número de leguas mencionadas, de modo que cinco leguas corresponden a 27,85 kilómetros. Esta distancia coincide con el actual caserío de Tingue.
Los patriotas fueron alcanzados y obligados a presentar pelea. El choque fue breve, desigual y sangriento. Allí, en ese punto del desierto y los contrafuertes andino, catorce iqueños entregaron la vida, cuatro quedaron heridos y trece fueron capturados, mientras se perdieron caballos, fusiles y municiones que estaban destinados a armar a nuevos voluntarios para la libertad.
LA HUELLA DEL TRAIDOR SALAS
Desde una perspectiva militar, aquella acción puede parecer menor; desde una perspectiva histórica y moral, fue un episodio de alto valor simbólico. Los iqueños combatieron sabiendo que cada minuto ganado permitía salvar a otros, que cada sacrificio retrasaba el avance enemigo. Los iqueños que acompañaban a Bermúdez y a Aldao, conocidos como los “Libertos de Ica”, no eran soldados profesionales, sino patriotas animados por la convicción y por el amor a su tierra, dispuestos a resistir aun cuando el cerco enemigo se cerraba con precisión implacable.
Su sangre no se derramó por cobardía ni por error táctico, sino por la deslealtad de Juan José Salas, el informante que vendió la causa y por la dureza de una guerra donde la traición estaba a flor de piel, por salvaguardar sus propios intereses económicos y sociales.
El cambio de dominio fue tan decisivo que las autoridades locales, previamente instauradas por los patriotas, que verbalmente se pusieron al servicio de José De San Martín y que habían manifestado una adhesión abierta a la causa independentista, optaron por alinearse de inmediato con el bando realista, adoptando una postura firme y entusiasta en favor del antiguo régimen, liderado por Pezuela.
LOS PATRIOTAS ESCAPAN
Los sobrevivientes que lograron escapar de la masacre ocurrida en Tingue (Yauca del Rosario) pasando por Pampa Blanca, Huarangal y Molletambo. Tras los hechos sangrientos, la columna patriota continuó su desplazamiento y, más adelante, en los sectores de Tibillo y Córdoba, fue nuevamente hostigada por grupos indígenas que, alentados por algunos párrocos católicos y armados de manera precaria, intentaron cerrarle el paso con notable ímpetu. Pese a la desventaja numérica y al desgaste acumulado, los patriotas consiguieron romper el cerco y continuar su avance, demostrando capacidad de resistencia y organización en condiciones extremas.
Superado ese momento crítico, los sobrevivientes se internaron en la sierra, donde el panorama comenzó a cambiar. En los pueblos del interior no encontraron la hostilidad que habían sufrido en otros puntos, lo que les permitió sostener una penosa marcha de aproximadamente veinte días, sorteando dificultades geográficas, escasez de recursos y el constante riesgo de persecución. Finalmente, lograron llegar a Huancayo, donde fueron recibidos con disposición favorable y pudieron reponerse parcialmente del agotamiento físico y moral provocado por los acontecimientos previos.
EPÍLOGO
Cada vez que escuches que le van a realizar un homenaje al gobernador iqueño Salas, sea en junio o en octubre, nunca olvides esta deshonra de haber lanzado a la muerte a los patriotas el 26 de noviembre de 1820.
REFERENCIAS HISTÓRICAS
Barros, D. (1894). Historia general de Chile (Tomo XIII). Rafael Jover.
Durand, L., Dunbar, E., Vergara, G., & Bacacorzo, G. (1981). Historia general del Ejército Peruano (Tomo IV: El Ejército en la independencia del Perú, Vol. 2: El Ejército: protagonista principal en la independencia del Perú). Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú.